TODAVÍA NO

Planificar el futuro nos produce casi tanto placer como rememorar el pasado. Gran parte del tiempo lo pasamos proyectándonos a nosotros mismos en unos años y reconduciendo nuestras vidas hacia algo que tenga sentido. Y es que, desde la escuela, ya nos enseñan que todo es un camino hacia algo mejor, que debemos alcanzar una meta, un objetivo, algún lugar en nuestro paseo. Hay que ponerle un final a las cosas y evaluar los resultados. Las preguntas más trilladas que se les hace a los niños son “¿Cuántos años tienes?” y  “¿Qué quieres ser de mayor?”.

A veces pienso que se les olvidó contarnos que lo que realmente merece la pena lo encuentras en mitad del camino. Que es justo donde estamos ahora.

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Sin embargo, tenemos la necesidad de dibujar mapas, carreteras, atajos. Necesitamos levantar muros de ideas en nuestra cabeza. Vendemos promesas de cambio a futuro para comprar perdón hoy.  Huimos de la depresión que nos produce vivir en nuestros errores pasados para terminar viviendo en la ansiedad del futuro que no llega. El presente sólo es una línea sin dimensiones en nuestro eje de tiempo. Pensamos en cómo despertaremos mañana y nos olvidamos de despertar hoy porque nuestra cabeza nos atiborra de preocupaciones. Hemos devorado el sabor del ahora. ¿Cuándo fue la última vez que mordimos una manzana y simplemente nos dedicamos a saborearla?

Dejemos de pensar un maldito minuto. Dejemos de reducir todo a la búsqueda del éxito. Porque la mejor parte de La Isla del Tesoro no es cuando encuentran el cofre. Porque, al final, tú encontrarás ese trabajo. Porque algún día sentirás que te estás ganando la vida haciendo lo tuyo. Algún día sentirás que las clases de inglés sirvieron para algo, aunque no tanto como las lecciones que aprendiste en madrugadas callejeras y en festivales a la luz del sol. Pero estarás ahí. Te dedicarás a eso que te empezó a gustar en el instituto y no marcaste como primera opción en la preinscripción de la universidad. Sentirás que todo el caos que había en tu cabeza se ordenaba con el paso de los años, no con títulos.

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Tranquilo. Porque también llegará el día en que dejarás de comer techo por esa chica.  En que dejarás de tropezar siempre con los mismos cuchillos afilados como labios. Una mañana, sin darte cuenta, las copas de vino de la noche anterior se convertirán en desayunos dobles en la terraza. Algún día te sentirás como en casa en la ciudad en la que llegaste como extranjero. Algún día tendrás un hijo y te darás cuenta de que lo de plantar un árbol y escribir un libro eran chorradas. Te comprarás tu deportivo rojo al cumplir los cincuenta y te seguirán recordando lo mucho que aún te queda por madurar.

Pero todavía no. Todo eso aún no ha llegado. Y no sabes de qué manera llegará.

Porque el presente es lo único real y lo demás son sólo sueños. Así que deja de sumergirte en tu cabeza y sumérgete en lo que verdaderamente hay a tu alrededor. Por un momento sólo disfruta. Utiliza los sentidos. Prueba a no mirar el reloj las próximas veintiocho horas.

Si nuestro objetivo se encuentra en la cima de una montaña, seamos escaladores, no pilotos. Agradezcamos las pequeñas cosas. Porque a veces no es necesario añadir nada a un momento concreto. Los sonidos, las vistas, la luz… deja que sean como son. Eres la conciencia sin la que nada de lo que te rodea estaría ahí. Párate y observa. Siente el tacto de los objetos. No te dejes dominar por los pensamientos. Date cuenta de que hay todo un mundo ahí fuera que está respirando más que tú.

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No escatimes en colores. Que cuando veas tu vida pasar en dispositivas delante de ti éstas no sean en blanco y negro.  Si tienes que descubrir que el amor no es real y la felicidad sólo lo es cuando se comparte, ya lo descubrirás. Deléitate con la música que te gusta hoy. Fotografíate. Cierra los ojos y siente el espacio entre millones de átomos que estás ocupando en este instante.

Las preocupaciones ahogan el presente. Toma aire. Llena tus pulmones con los aromas anaranjados de las noches de verano. Deja que las dudas se evaporen con el asfixiante calor del mediodía. Emborráchate con tus gilipolleces y la resaca de mañana déjasela al mar. Que no hay nada como morir a carcajadas para vivir más hoy.

The Shawshank Redemption

Disfruta del sabor de ese almuerzo a las doce de un sábado. De ese desayuno en silencio contigo mismo. Con tu yo de ahora que morirá entre experiencias y expectativas. Saborea esos defectos que te hacen perfectamente único. Tu ingenuidad que se consume día a día. Tus opiniones fuera de lugar, los lugares fuera de tu zona de confort. Saborea tu estupidez, tu desconocimiento ante cómo funciona el mundo. Tu sensibilidad, ésa que no consigues dominar en discusiones. Disfruta ahora que tus problemas se curan tomando una cerveza con los colegas y no con una sesión en el psicólogo a sesenta euros la hora.

Piensa en el regustillo dulzón que te deja el zumo de naranja durante el desayuno. Y, cuando el móvil vibre y leas en la pantalla el mensaje que llevabas meses esperando, ese mensaje de esa jodida chica por la que tragas techo, de ese Máster en el que echaste la preinscripción, de ese trabajo para el que te entrevistaron la semana pasada, será el momento en el que podrás abrirle la puerta al futuro.

O quizás todavía no. Qué más da eso ahora.

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One Comment

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  1. Gran texo enorabuena.

    -“el presente es lo único real y lo
    demás son sólo sueños”

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