DISTINTOS

Tengo que escribirte esto. Porque creo que es hora de empezar a hacer las cosas de manera diferente. De pasar de tópicos, de cordialidades, de costumbres. Jugaré a tu juego pero sin libro de reglas. Volveremos a tirar los dados aunque nos salgan tres dobles. Me da igual en qué calle de Madrid caigamos. Si es necesario iré a buscarte directamente sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las noches que me debes.

Porque no voy a guardar nada para cuando estemos preparados. Ni voy a decirte que todo será fácil y que las cosas van a salir bien. Esto va de arriesgarse. De perder una y otra vez para ganarnos el uno al otro. De perder la cabeza, el rumbo, los papeles. Esto no va de qué somos ni dejamos de ser. No va de hacer el amor en tu casa sin padres o en mi coche sin gasolina. Esto va de follar con la luz encendida y la ventana abierta.

Quiero disfrutar del sexo aunque sea un juguete que no sepamos bien cómo usar.  No hace falta que me digas nada, pero puedes contármelo todo si quieres. A la sombra de las farolas en enero o a la luz de tus piernas en agosto. Descorcharemos una botella de champán en cada hotel, te quitaré la ropa en mitad del polvo. Escribiré sobre tu espalda cada palabra que no tenga el valor de decirte. Viajaremos de punta a punta de la cama y, si nos perdemos, quedaremos donde muy pocos pueden encontrarte, donde tu cabeza solía aparecer cuando la perdías entre discusiones, dudas y madrugadas de tragar techo.

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La rutina podemos empaquetarla. Hay un hueco junto a los te quiero del Whatsapp y las fotos de Instagram. El calendario de aniversarios de mierda puedes tirarlo también. Vamos a quedarnos sólo con lo esencial. Me basta con que nos quedemos tú y yo. De eso se trata al fin y al cabo ¿no? Parece que a veces olvidamos que la esencia de una obra de teatro no está en el decorado.  O que esto no es un jodido monólogo. Que la cosa va de dos. Que los dos vamos en la misma dirección. Aunque tú seas la protagonista de tu obra y yo el de la mía.

Olvidémonos de escribirnos antes de irnos a dormir. Olvidémonos de celos consentidos y enfados sin sentido.  Olvida el diccionario de disculpas y la lista de palabras cariñosas. Porque los verbos no dicen demasiado de nosotros, son las acciones las que marcan el ritmo.  Eso ya lo sabemos. Como también sabemos que darle nombre a esto no significa nada. Y, sin embargo, no desperdiciamos la ocasión de colocar un posesivo delante de la palabra mágica. Esta vez pasaremos ¿vale? A ver cómo nos va.

Quizás la falta de convencionalismos la cubramos con un exceso de incertidumbre. Tal vez no saber qué coño vamos a hacer mañana nos haga disfrutar más hoy. No nos hace falta saber qué seremos el mes que viene para ser nosotros mismos ahora. Podemos quedarnos con el polvo de reconciliación y dejar la discusión para más adelante. Verás, es que ahora no estoy en un momento difícil de mi vida. Por eso prefiero una mirada llena de matices que una sonrisa de cortesía. No quiero a alguien con quien deba asegurar cada paso que doy, quiero a alguien con quien correr descalzo por puentes de madera que cuelgan entre dos barrancos.

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Saquemos carta a ver qué pasa. La magia no son más que trucos para esconder una manera distinta de decir las cosas. Podemos hacernos desaparecer en cualquier momento y quedar en Viena exactamente en seis meses. Si no aparecemos, siempre nos quedará la opción de probar en otro momento.  En otro lugar. Con otra persona. Porque la magia es así. Porque pocas cosas duran toda la vida. Que nada merece la pena conservar más que tu libertad. Más que tus ganas de ser tú.

Yo sólo soy el que te provocó para emborracharte en aquel bar. El que tropezó con tu copa llena de contradicciones y vacía de excusas.  Por eso quiero escribirte esto. Porque creo que es hora de empezar a compartirnos de manera diferente. De pensar en nosotros mismos separados y juntarnos si la cosa funciona. No esperes de mí que te haga ganar tiempo. Lo que busco es que lo seamos todo.

Todo, menos claros.

Que no seamos nada que nos lleve a alguna parte. Pienso guiarme por la dirección que me marquen mis ideales, que, en definitiva, son los que me llevaron a encontrarme. Así que más te vale abrigarte bien con tus ideas porque no pienso imponerte las mías y, fuera de tu zona de confort, hará frío. Además, ya te anticipo que mi intención es desnudarte de los pies a la cabeza, empezando por tus vaqueros desgastados y terminando por las limitaciones que te puso la vida cuando te dijo no puedes.

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Ojalá que no estemos preparados. Si aun así no sale bien, no nos lo tengamos en cuenta. Será simplemente que nos faltó inspiración. Pero, como te he dicho, no hace falta saber qué hubiéramos sido en otra ocasión para disfrutar de quiénes somos ahora. Algunas veces nos equivocamos de universo y acabamos en uno distinto por error. Y otras, son los errores los que forman un intranerso extraordinario dentro de nosotros.

Al final, llámalo como quieras, qué más da. Me vale con que nos dejemos ser el uno al otro. Hasta que nos cansemos de no encontrarnos. Hasta que derrame mi café sobre tu vestido. Hasta ahora o nunca o hasta que nos falten motivos para no necesitarnos y, sin embargo, querer estar juntos.

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